Ser propietario de un coche nos obliga,
por ley, a asegurarlo, es decir, a contratar el seguro obligatorio
que cubra los daños materiales y personales causados
a otras personas.
No se puede circular con nigún
vehículo a motor sin asegurar.
Asegurar el coche a terceros:
Es la forma de barata de asegurar el
coche. La aseguradora paga los daños materiales y personales
que provoquemos a otro vehículo, pero si el accidente fue culpa
nuestra, no nos pagará los daños producidos en nuestro coche.
Asegurar el coche a todo riesgo:
Es la forma más completa de asegurar
el coche. La aseguradora paga los daños materiales y
personales que causemos a otro vehículo,
y también los daños producidos en nuestro coche, aunque el
accidente fuera culpa nuestra.
El inconveniente de esta forma de asegurar el coche es su elevado
precio.
Hay formas mixtas de asegurar un coche,
que buscan ampliar las coberturas en el caso del seguro a
terceros, y reducir el precio de la prima en el caso del seguro
a todo riesgo. Son estas:
Asegurar el coche a terceros mejorado:
Añade la cobertura de asistencia en viaje,
rotura de lunas, robo e incendio. Cubre muchos riesgos y no
resulta tan caro como el seguro a todo riesgo.
Problema: Los daños de nuestro coche, en accidente por culpa
nuestra, siguen sin estar cubiertos.
Asegurar el coche a todo riesgo con franquicia:
En un accidente por culpa nuestra, nosotros
pagamos una parte fija del coste de la reparación de nuestro
vehículo (normalmente 200 euros), y el resto lo paga la aseguradora.
Problema: No conviene a las personas que tengan frecuentes
accidentes leves
|