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¿Qué significa Customer centricity?: Centrarse en el cliente

Customer Centricity: Centrarse en el cliente

Centrarse en el cliente

CRM se anunció como la estrategia que iba a mejorar la empresa y hacer que los clientes compraran más.
Pero si estudiamos las estadísticas sobre el éxito de CRM en las empresas, vemos que el índice de fracaso supera el 70%.

¿Alguien esperaba que un paquete de software o unos consultores cambiaran la forma de trabajar de la empresa de forma tan radical que empleados y clientes, repentinamente, tuvieran interacciones rentables y armoniosas?

Pues aparentemente, sí, los mismos que también esperaron milagros de TQM (total quality management), BPR (business process re-engineering), ERP (enterprise resource planning) y cualquier otro acrónimo de tres letras.
Fueron las mismas compañías que externalizaron los servicios de atención al cliente, y forzaron a sus clientes a utilizar robots de voz impersonales, o páginas web, para reducir costes de atención al cliente.





¿Por qué no funciona la estrategia CRM?

En un estudio realizado por CRMguru, se constató que CRM no funcionaba porque:

  • Las compañías centran su atención en ellas mismas, rara vez en los clientes
  • La tradicional organización funcional de la empresa promueve estrategias funcionales, dirigidas a la eficiencia interna o los procesos internos, pero no a los clientes.
  • La cultura de control y mando fomenta decisiones alejadas de los clientes.
  • CRM es considerado como una solución informática que incumbe únicamente al departamento de informática, sin implicar al resto de áreas de la empresa.

¿Cómo es posible que, más de una década después del arranque de CRM, se mantenga el índice de fracaso cercano al 70%?
Porque lamentablemente la mayoría de los directivos han trabajado siempre en empresas estructuradas. No tienen un conocimiento intuitivo de cómo cambiar este esquema tradicional.

El modelo de organización estructurada se basa en la idea del trabajo especializado, introducido a mediados de 1800 por Adam Smith. Fue la gran idea que fomentó la revolución industrial.

Lo irónico de este asunto es que las fábricas abandonaron este modelo el siglo pasado, cambiando a un nuevo modelo que promueve el trabajo en equipo y facilita los cambios, y que resulta en un incremento de la productividad y del rendimiento. Quizá esto sea una pista.

Y ahora llega "customer centricity" (centrarse en el cliente). En la era de las multinacionales y el marketing de masas, los clientes están tomando el poder. Las empresas creen haber adoptado la estrategia CRM cuando lo único que han hecho ha sido gastar grandes cantidades de dinero en mega-sistemas cuyo único logro ha sido afinar las campañas de marketing y mejorar la comunicación por correo.

¿Cómo se consigue una empresa centrada en el cliente?

Lo primero es entender dónde nos encontramos hoy: tenemos areas funcionales de la empresa, aisladas, con estrategias funcionales y métricas de rendimiento funcionales.

Si estas estrategias funcionales consiguen alinearse con los intereses del cliente es por pura casualidad.

Continuamente encontramos al departamento de marketing gastando grandes sumas de dinero en toda clase de ideas para sintonizar con el cliente, mientras se obliga al departamento de atención al cliente a no hablar con el cliente, utilizando para ello locuciones de voz automáticas, respuestas de correo, páginas de internet, etc.

Marketing gasta una fortuna en estudios para conocer al cliente mientras el equipo de atención al cliente recibe miles de llamadas de clientes cada día.
¿No es una paradoja?

¿Cómo conseguir que la estrategia CRM funcione?

Sugerimos algunas ideas:

  • La empresa debe asimilar que CRM es un viaje, no es el destino. Es una forma de trabajar, una filosofía.
  • Debe existir una clara estrategia orientada al cliente que abarque todas las areas de la empresa.
  • La organización de la empresa debe ajustarse a la estrategia orientada al cliente, y no a las funciones del negocio.
  • Las métricas de rendimiento deben medir y recompensar los comportamientos que producen mayor lealtad y valor de los clientes.

Pasos para alcanzar "customer centricity"

Dividimos el proceso en cuatro fases:

Fase 1: Empresa centrada en el producto. Una organización funcional dirigida hacia la eficiencia y las transacciones.

Fase 2: Enfoque en el cliente. Una empresa que aprende y mejora y trata de obtener la satisfacción del cliente.

Fase 3: Valor del cliente. Una empresa dirigida a maximizar el valor del cliente, entendiendo las necesidades del individuo.

Fase 4: Centrada en el cliente. Una empresa en la que el cliente es un fan, se convierte en una extensión de la organización de la empresa y participa y se beneficia de su éxito.

En cada fase, cambia el enfoque de la empresa:
Fase 1: Eficiencia
Fase 2: Satisfacción del cliente
Fase 3: Necesidades del cliente
Fase 4: Relación con el cliente.

Aunque la empresa, en su conjunto, sólo puede encontrarse en una fase, es posible que algunas partes de su organización se encuentran en diferentes fases.

Si marketing se encuentra en la fase 3, pero atención al cliente está en la fase 2, y finanzas en la fase 1, surgen tensiones en la organización. No son los objetivos los que están en conflicto, sino el estilo de la empresa. ¿Y qué percibe el cliente?, inconsistencia y confusión que le llevan a la pérdida de confianza.

A mitad del camino entre la primera y la segunda fase se encuentra la línea del caos. Es el punto que alcanzan muchas empresas, organizadas al modo tradicional, en su intento de ser más sensibles hacia los clientes.
Pero sin políticas y procesos dirigidos al cliente que abarquen todas las áreas de la empresa, el resultado es que los clientes obtienen experiencias inconsistentes, que causan tensiones porque parte de la empresa no recibe el apoyo de la otra parte, o entra directamente en conflicto con ella.
El resultado es la pérdida de confianza en las iniciativas de satisfacción del cliente.

En este punto, salta la alarma y la empresa vuelve a la aparente seguridad de la primera fase, renunciando a alcanzar los beneficios de la segunda fase: aumento de la satisfacción del cliente, elevada moral del trabajador, reducción de costes y menor desgaste del cliente.



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